domingo, 7 de mayo de 2023

Prevención de la enfermedad y enfoques cognitivo- conductuales para el cambio de hábitos de salud.

Distintas ciencias se han preocupado por realizar investigaciones que contribuyan a la prevención y la concepción de un estado óptimo de salud. La prevención espera que la calidad de vida sea satisfactoria y sin sufrimiento a causa de una enfermedad, por ello se han propuesto tres tipos de prevención (primaria, secundaria y terciaria). 


La prevención primaria se enfoca en educar para que no existan indicios de alguna dolencia, un ejemplo muy común, es realizar actividad física o llevar una dieta adecuada para prevenir la obesidad, otro ejemplo de este tipo de prevención es el lavado de manos para reducir la transmisión de infecciones.

Por otro lado, la prevención secundaria se encarga de impedir complicaciones en los padecimientos, sean físicos o psicológicos y acompañar al paciente en el seguimiento de su tratamiento.

En el caso de la prevención terciaria, esta se lleva a cabo en hospitales o en centros de especialidades. En este tipo de prevención se acompaña al paciente en el tratamiento clínico, quirúrgico, quimioterápico y radioterápico, ya que este tipo de procedimientos son situaciones estresantes y complejas de asimilar.

La prevención de la enfermedad debe ir acompañada de cambios en nuestras conductas que resultan perjudiciales para la salud, este objetivo se puede lograr con apoyo de la psicología, la cual ha propuesto distintos modelos cognitivo-conductuales para reconocer el comportamiento de las personas en el ámbito de la salud. Estos tratamientos están centrados en técnicas operantes que refuerzan conductas para desarrollar habilidades que ayuden a lograr y mantener una buena salud.

Dentro de las terapias cognitivas se busca identificar y modificar los pensamientos, creencias, procesos y estructuras cognitivas del individuo. El primer paso en la terapia es reconocer el problema desde una visión cognitiva, se deben identificar las acciones erróneas que nos llevaron a contraer el malestar, el siguiente paso es enseñarle al individuo habilidades y alternativas para poder controlar situaciones, la última etapa es practicar y reforzar las técnicas anteriores y el manejo de estrategias a nivel cognitivo, afectivo y conductual para que concrete un control de conductas saludables.

Se ha comprobado que los enfoques cognitivo- comportamentales son benéficos en el tratamiento de los individuos con hábitos nocivos para la salud, es importante que estos tratamientos incluyan lo siguiente para que se cumpla el objetivo: 

  • Planes y metas realistas determinados entre terapeuta y paciente.
  • Reforzamiento de los comportamientos adaptativos.
  • Realizar actividades de forma gradual para evitar fracasos.
  • Familiares y personas significativas del paciente deben colaborar en el tratamiento.
  • Al paciente s le debe enseñar técnicas para el manejo de situaciones problemáticas en la vida diaria.
  • Se debe ayudar al individuo a reconocer y diferenciar sus comportamientos no saludables de los que sí lo son.
Siguiendo estos enfoques se ha logrado una evolución benéfica en los tratamientos de individuos con alcoholismo, enfermedades mentales, incluso en pacientes con cáncer u otras enfermedades crónicas. 


Bibliografía.

Fiorentino, M.T. (2004). Conductas de la salud. En L.A. Oblitas (Comp.), Psicología de la Salud y    
Calidad de Vida. México: Thompson Learning. 

 Agrest, Alberto. (2009). Prevención de enfermedades y medicina preventiva. Medicina (Buenos Aires),

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